Las ciudades, los barrios, todos los espacios por los que transitamos se están transformando paulatinamente. Y, claro, uno de los elementos a los que se puede dar gracias por ello es al aluminio. La búsqueda por la claridad, por alcanzar los cielos con los edificios, por generar estructuras fuertes y diseños elegantes, van de la mano de la masificación del uso de este material.

¿Por qué el aluminio?

 

Vamos a imaginar que tenemos a disposición un metal que puede ser altamente resistente, pero ligero a la vez. Imaginemos, también, que nos encontramos con un material que es resistente a la corrosión, pero que se puede mantener bello y con un hermoso diseño todo el tiempo. En este sentido, el aluminio no es solamente una apuesta de confianza y calidad, sino que, también, es una apuesta al diseño, a la modernidad, a la creatividad.

Desarrollo histórico

 

Hacia comienzos del siglo pasado, el aluminio no era casi utilizado en la industria de la construcción. Esto era porque en ese entonces resultaba un material muy caro y, a la vez, no se producía a gran escala. Un escenario completamente diferente al que encontramos hoy.

La situación comenzó a cambiar hacia la década de 1920. En ese entonces, el proceso de electrólisis redujo en un 80% el costo del aluminio. A partir de entonces, este metal fue creciendo sustancialmente en popularidad y fue expandiendo sus ámbitos de aplicación, llegando a formar parte tanto de estructuras como de diseños ornamentales.

Estructuras famosas de aluminio

 

El primer edificio en el que el aluminio fue un importante protagonista en la construcción de la estructura fue nada menos que el Empire State Building. Se trata del más famoso rascacielos de la ciudad de Nueva York, que se construyó en 1931. Además, hasta el año 1970, fue el edificio más alto del mundo.

Todas las estructuras básicas del Empire State fueron realizadas con aluminio. Además, se usó fuertemente en el interior. Las paredes están fabricadas en aluminio y oro de 23 quilates.

A partir de este antecedente, hacia la década de 1950, el uso del aluminio en las estructuras de los edificios y en la construcción en general se fue expandiendo. Cada vez son más los elementos de viviendas que se construyen en este material.

La principal tarjeta de presentación del aluminio en la construcción son nada menos que los rascacielos. Así, este material se acaba convirtiendo en la cara de la construcción moderna.

Hace pocos años, en 2012, otro llamativo y famoso edificio presentó al aluminio como su mejor amigo. Se trata del Crystal Center for Sustainable Urban Development, en la ciudad inglesa de Londres. El edificio fue diseñado con placas de caras de aluminio. Se convirtió en el único edificio en recibir las mejores calificaciones BREAAM y LEED. En términos de impacto medioambiental, este edificio consume un 46% menos de electricidad, a la vez que genera un 65% menos de dióxido de carbono.

Con estos dos imponentes antecedentes, hoy el aluminio se encuentra en construcciones de todo tipo. Son cada vez más quienes apuestan a este material debido a su resistencia a la corrosión, a su ligereza y maleabilidad, a su dureza, a su hermoso diseño y su bajo costo.